Lo que se esconde detrás del guadual
Hidden House fue, durante décadas, una casa cafetera olvidada al borde del pueblo. La rescatamos tabla por tabla —el bahareque, los pisos de madera, el corredor donde se secaba el café— y la convertimos en un refugio de seis habitaciones para quienes buscan Salento sin la fila de la plaza.
No hay timbres ni recepción con turnos. Hay una arriera de café en la mañana, hamacas frente a la cordillera y una casa que solo encuentran quienes la buscan.